¿Era todo?, me pregunté. Que iluso. Si, fui un
iluso al dudar de que Messi no pudiera sorprenderme más y que ya lo había visto
todo de él. Me equivoqué.
La primera vez que vi jugar a Messi llevaba
la 30, esa camiseta con la que empezó a pisar fuerte en la historia del
Barcelona y de la cual no se iría nunca más. Es que la 10 la tenía Ronaldinho,
otro gran jugador que en vez de gambetas tiraba (y sigue haciéndolo) pinceladas
mágicas.
Lo vi y lo banqué. Lo hice porque
era argentino y siempre quiero que le vaya bien a un compatriota en cualquier actividad
y en cualquier parte del mundo, pero con Lionel tengo algo en particular, una
debilidad. Es que naturaliza cosas que no son posibles que replique cualquier
mortal. Ama la pelota y la pelota lo ama a él. La trata con cariño y ella le
devuelve confianza al quedar pegada a sus pies. Seguro guardan un secreto entre
ambos y lo hacen tan bien como dos amantes ocultando su relación durante varios
años.
Es que, Lionel es un jugador
maravilloso que puede hacer cosas como desde dejarte en ridículo junto a cinco compañeros
gambeteándolos y meter el gol hasta clavártela en un ángulo en un tirolibre.
Nunca vas a ganar, siempre él va a salir triunfador y no vas a poder hacer nada
para evitarlo.
Por esas cosas lo admiro a Messi y
me duele cuando se lo critica desde un medio, muchas veces sin argumentos, o
cuando alguien te dice que es pecho frío porque no canta el himno. ¿Desde
cuando sos tan patriota vos, si ni siquiera sabes la fecha de la Independencia o por qué
tu país se llama así?
Me generaba mucha impotencia que no
pudiera replicar lo que hacía en el Barcelona con la Selección Argentina
porque quería que la gente sepa que sentía mucho más la camiseta argentina que
la del Barcelona, sino no hay razón por la cual le dijiste que no a España (país
que pagó tu tratamiento hormonal) cuando quiso que juegues para su Selección.
Pero no se daba y me dolía. Fuiste ganando personalidad y llegó el Mundial de
Diego, ese en el que buscábamos la épica pero fue más la añoranza que la
realidad porque nos volvimos en cuartos.
Llegó el Mundial de Brasil, ya te
habías ganado la cinta de capitán porque lograste la maduración para serlo. Ahora
ibas por la Copa
del Mundo. Lo único que te faltaba. Grité tus goles a Bosnia, Irán y Nigeria más
que los demás del seleccionado porque quería que vos ganes el Mundial. No quería
que lo gane Argentina, quería que lo ganes vos para taparle la boca a aquel que
te llamó pecho frío y que no jugabas igual que en el Barcelona. No se dio, pero
sigo confiando en que algún día te vas a tomar la revancha y que Rusia será tu
gran oportunidad: quizás llegues con menos potencia y explosión, pero por tu
madurez y por tu inteligencia vas a hacer un mejor Mundial que el de Brasil.
Quiero confesarte que sos mi ídolo
porque haces posible lo imposible y porque nunca te importó el que dirán, sino
que en cada compromiso con la
Selección estuviste, como seguramente lo habrá soñado siempre
aquel niño hincha de Newell´s que en las infantiles de ese club dejaba despatarrado
a otros niños. Seguís siendo ese nene dentro de la cancha y se nota, porque jugás
con el corazón y simplemente te divertís con la azulgrana y con la albiceleste.
Cada vez que jugás le regalas arte al mundo y te lo agradezco, como también agradezco
que seas argentino.
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