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viernes, 25 de julio de 2014

EL IDOLO DE MI TIEMPO

¿Era todo?, me pregunté. Que iluso. Si, fui un iluso al dudar de que Messi no pudiera sorprenderme más y que ya lo había visto todo de él. Me equivoqué.
            La primera vez que vi jugar a Messi llevaba la 30, esa camiseta con la que empezó a pisar fuerte en la historia del Barcelona y de la cual no se iría nunca más. Es que la 10 la tenía Ronaldinho, otro gran jugador que en vez de gambetas tiraba (y sigue haciéndolo) pinceladas mágicas.
            Lo vi y lo banqué. Lo hice porque era argentino y siempre quiero que le vaya bien a un compatriota en cualquier actividad y en cualquier parte del mundo, pero con Lionel tengo algo en particular, una debilidad. Es que naturaliza cosas que no son posibles que replique cualquier mortal. Ama la pelota y la pelota lo ama a él. La trata con cariño y ella le devuelve confianza al quedar pegada a sus pies. Seguro guardan un secreto entre ambos y lo hacen tan bien como dos amantes ocultando su relación durante varios años.
            Es que, Lionel es un jugador maravilloso que puede hacer cosas como desde dejarte en ridículo junto a cinco compañeros gambeteándolos y meter el gol hasta clavártela en un ángulo en un tirolibre. Nunca vas a ganar, siempre él va a salir triunfador y no vas a poder hacer nada para evitarlo.
            Por esas cosas lo admiro a Messi y me duele cuando se lo critica desde un medio, muchas veces sin argumentos, o cuando alguien te dice que es pecho frío porque no canta el himno. ¿Desde cuando sos tan patriota vos, si ni siquiera sabes la fecha de la Independencia o por qué tu país se llama así?
            Me generaba mucha impotencia que no pudiera replicar lo que hacía en el Barcelona con la Selección Argentina porque quería que la gente sepa que sentía mucho más la camiseta argentina que la del Barcelona, sino no hay razón por la cual le dijiste que no a España (país que pagó tu tratamiento hormonal) cuando quiso que juegues para su Selección. Pero no se daba y me dolía. Fuiste ganando personalidad y llegó el Mundial de Diego, ese en el que buscábamos la épica pero fue más la añoranza que la realidad porque nos volvimos en cuartos.
            Llegó el Mundial de Brasil, ya te habías ganado la cinta de capitán porque lograste la maduración para serlo. Ahora ibas por la Copa del Mundo. Lo único que te faltaba. Grité tus goles a Bosnia, Irán y Nigeria más que los demás del seleccionado porque quería que vos ganes el Mundial. No quería que lo gane Argentina, quería que lo ganes vos para taparle la boca a aquel que te llamó pecho frío y que no jugabas igual que en el Barcelona. No se dio, pero sigo confiando en que algún día te vas a tomar la revancha y que Rusia será tu gran oportunidad: quizás llegues con menos potencia y explosión, pero por tu madurez y por tu inteligencia vas a hacer un mejor Mundial que el de Brasil.

            Quiero confesarte que sos mi ídolo porque haces posible lo imposible y porque nunca te importó el que dirán, sino que en cada compromiso con la Selección estuviste, como seguramente lo habrá soñado siempre aquel niño hincha de Newell´s que en las infantiles de ese club dejaba despatarrado a otros niños. Seguís siendo ese nene dentro de la cancha y se nota, porque jugás con el corazón y simplemente te divertís con la azulgrana y con la albiceleste. Cada vez que jugás le regalas arte al mundo y te lo agradezco, como también agradezco que seas argentino.







domingo, 20 de julio de 2014

El mejor Mundial

Cuando terminé de escribir mi nota anterior sabía que no iba a poder escribir todos los días sobre lo que acontecía en el  Mundial. La causa era la época de parciales, ya que tener que estudiar me iba a consumir buena parte de mi tiempo y no me iba a permitir escribir. Además, no tenía tiempo para ver los 64 partidos de Brasil 2014. Por consiguiente, decidí que iba a volver a publicar después del evento deportivo más grande a nivel mundial con un resumen sobre lo que fue este mes de sobresaltos y mucho pero mucho fútbol.
         Dejamos en claro en la publicación anterior que Brasil había comenzado ganando "su" Mundial. Lo que nos hacía imaginar que iba camino al título pese a que no arrancó jugando muy bien, pero al transcurrir la competencia iba a levantar su nivel.  Eso no pasó. Lejos de ser su Mundial, vivió la pesadilla más grande que ningún brasileño pudo haberse imaginado jamás. Peor que el Maracanzo del 50. ¿Peor que el Marcanazo de 1950, cuando perdió la final del Mundo ante Uruguay teniendo el apoyo de 200 mil almas? Así es. Brasil avanzó en la fase de grupos sufriendo. Empató su segundo partido 0 a 0 frente a México con una gran actuación del arquero azteca y los chiflidos comenzaron a bajar. Llegó la calma frente a Camerún, donde debía ganar si o si para que no peligre la clasificación y así avanzar primero. Fue 4-1 y Brasil de vuelta fue feliz, pero no por mucho tiempo.
En octavos se enfrentó a Chile, un Chile imparable que clasificó segundo en el Grupo B junto a Holanda y que venció a España 2 a 0, dejando al último campeón afuera del Mundial en primera ronda. El conjunto de Scolari sabía que ya no iban a ser fáciles los rivales. Chile hizo llorar a Brasil. Lo hizo llorar porque le jugó de igual a igual y estuvo a un tiro en el palo de dejarlo afuera de la Copa del Mundo. Se forzaron los penales y allí vino el llanto. Ganó Brasil. Julio César fue el protagonista.
En cuartos del final llegó otro gran equipo, uno que no había perdido ningún partido y había clasificado primero en su grupo. La Selección de Colombia. El conjunto del argentino Pekerman que realizó su mejor participación en Mundiales, finalizando quinto por puntos y diferencias de gol. Esta vez, a Brasil le salieron las cosas y pese a que el arbitraje estuvo flojo y perdonó a los brasileros, la “justicia poética” llegó. Neymar, la joya, se lesionó luego de un rodillazo de Zuñiga (sin ninguna intención) y lo dejó fuera de la competencia por una fractura en una vértebra lumbar. Afuera Neymar. ¿Afuera esperanza?
Brasil venció a Colombia 2 a 1 y ahora le tocaba enfrentar a Alemania. La Alemania de Joachin Low, el mejor equipo por escándalo del campeonato que sin embargo, había sufrido con Argelia (sorpresa mundialista) quien lo forzó a jugar 120 minutos más. El partido de semifinales fue en la ciudad de Belo Horizonte, en el estadio Mineirao. En la previa todos imaginaban un encuentro muy especial. Los dos países son los más campeones del mundo, junto con Italia que quedó afuera en primera ronda junto con Inglaterra porque Costa Rica fue el gran vencedor del grupo D de la muerte y como segundo clasificó Uruguay.
Cinco de la tarde, la hora en que comenzó el encuentro. La hora señalada para algo histórico. Neymar estaba ausente, Thiago Silva (defensor brasileño) también por acumulación de amarillas, el reemplazo del central era Dante. El partido duró 45 minutos. ¿45? ¿Cómo? Si, Brasil se comió la peor goleada que pudo haber sufrido en la historia de los Mundiales. Perdió 7 a 1 ante la máquinaria alemana. Se fue al vestuario perdiendo 5 a 0 y en el complemento sufrió dos goles más y descontó. ¿Baja moral por haber perdido a Neymar y a Thiago Silva para este encuentro? Puede ser, lo cierto es que la defensa fue vapuleada y los delanteros (Hulk, Oscar y compañía) no estuvieron finos. Se enfrentaron por primera vez en la competencia a un equipo que sabía lo que quería y aconteció el MINEIRAZO.
Brasil se topó con la realidad, ya que nunca había logrado ser el equipo que el mundo esperó. Los jugadores se fueron chiflados del estadio, incluso el público, sus compatriotas se pusieron en su contra y les gritaban “ole, ole” cuando los alemanes se pasaban la pelota y dejaban en ridiculo a los verde amarillo. Luiz Felipe Scolari se hizo absolutamente responsable de la derrota y les quitó la carga a los jugadores que se acordarán hasta el fin de sus días de aquel episodio.
¿El tercer puesto para llegar al podio? Ni eso. Brasil cayó 3 a 0 frente a Holanda, que venía de perder frente a Argentina 4 a 2 por penales.
De la alegría a la tristeza en un abrir y cerrar de ojos. El pueblo brasileño estaba de luto, y para empeorar las cosas, la Selección de Lionel Messi jugaba la final del mundo.
Argentina empezó de menor a mayor. La primera fase costó más de lo esperado ya que los equipos se defendieron más de lo que atacaron y para los de Sabella se complicó. Pero estaba la carta mágica. El que todo lo puede. El hombre que se crió futbolísticamente en España pero que siempre tuvo la mente puesta en Argentina: Lionel Messi. El mejor jugador del mundo marcó 4 tantos en la primera fase y le dio la clasificación al equipo albiceleste. En octavos llegó Suiza. Otra vez la magia. Otra vez Lionel. En tiempo suplementario comenzó su corrida y habilitó a Angelito Di Maria que marcó el tanto ganador para llevar a Argentina a cuartos de final.
Ahora si. Este era el partido. En los últimos 3 mundiales no se había podido superar esta fase. El rival era Bélgica, una de las sorpresas de la competencia. Aquí apareció Gonzalo Higuaín, quien todavía no había anotado en el Mundial y sorprendió con un golazo luego de un rebote que dio la defensa belga tras un pase fallido de Di Maria a Zabaleta. 1-0. Nuevamente, luego de 24 años Argentina estaba nuevamente en una semifinal.
Llegó Holanda. El primer rival serio. Según Sabella el Rubicón había sido cruzado ¿y por qué no soñar? La defensa Argentina cumplió un rol fenomenal. Garay y Demichelis lograron neutralizar a Van Persia y Robben fue bien cubierto por Marcos Rojo. Un gran partido. No se los dejó pensar a los holandeses y se llegó al tiempo suplementario. Allí no se sacaron ventajas. Fue un partido de Ajedrez, en el cual si moves una pieza en falso JAQUE MATE. Robben es y será uno de los mejores jugadores del mundo y una chance tuvo. A falta de 3 minutos para que finalice el tiempo extra tuvo la más clara del partido. Pero Javier Mascherano, el que nunca da una pelota por perdida, el que es imbatible y nunca se cansa le imposibilitó a Holanda la oportunidad de ser finalista una vez más. Con Romero ya vencido, Mascherano llegó a una pelota imposible y ese fue el “gol” de Argentina.
Llegaron los penales y “hoy te convertís en héroe”, le dijo Masche a Sergio Romero y así fue. Argentina venció a Holanda con dos paradas monumentales de Chiquito y luego de 24 años la Selección disputaba una final del Mundo. De vuelta Alemania.
Fue una final en la cual el primer tiempo lo dominó Alemania en cuanto a posesión y hubo una chance para cada uno. Higuaín recibió un regalo de un mal rechazo y quedando mano a mano con Neuer pero se desesperó y pateó muy mal. Pudo haber tenido revancha porque marcó un gol pero en posición adelantada. Finalizando la primera etapa Alemania en un corner ganó de cabeza y la pelota dio en el palo.
En la segunda parte Argentina tuvo más control de la pelota pero no supo lastimar. Así se llegó al alargue y Alemania golpeó desde el banco con Mario Gotze. Alemania campeón del mundo. Un solo error tuvo la defensa argentina y lo pagó caro. Fue la única distracción que tuvo Garay quien perdió al autor del tanto y este último no perdonó, mas allá que dominó la pelota con una calidad única y excepcional. Rodrigo Palacio tuvo un mano a mano en el primer tiempo del suplementario y al picar la pelota, esta ultima salió por al lado del palo alemán. Las chances estuvieron e incluso más de lo esperado. Argentina perdió por falta de definición y por un error. Hay que agregar que no se contó con Di Maria ya que salió lesionado con Bélgica y no pudo recuperarse. Un Sergio Agüero que ingresó por Lavezzi en la segunda parte del partido y no rindió, nunca estuvo a la altura de este Mundial en lo físico, lamentablemente.
No hay que sacarle mérito a Alemania que desde que dio una penosa imagen en la Eurocopa 2000 decidió cambiar su manera de juego y abrió academias por todo el país para tener una cantera muy rica. Además mandó a entrenadores por todo el mundo a adquirir experiencia y métodos de entrenamiento. La lógica se dio. El trabajo rindió sus frutos y Alemania logró su cuarta estrella.
 Argentina fue por la hazaña y no la consiguió. En ningún momento fue inferior a nadie pero los roles se invirtieron en cuanto a lo que se vaticinaba en la previa: hay 4 monstruos en ataque (Agüero, Messi, Di Maria e Higuaín) que te ganan un partido, pero la defensa es impresentable (Rojo, Garay, Fernández, Zabaleta). Pasó todo lo contrario. ¿Habrán influido las lesiones previas al Mundial del Kun? ¿Si Di Maria no se lesionaba se podría haber ganado la final con comodidad? Lo cierto es que falló la definición y en la final con dos regalos como lo fueron las jugadas de Higuaín y Palacio no los podes desaprovechar.

Sabella dejó valores muy claros en el equipo y personalmente quiero que continúe porque para Rusia 2018 hay potencial y la posibilidad de soñar en grande. Argentina será recordada gracias a la garra y al compañerismo que impulsó Pachorra. Por eso el segundo puesto vale, y después de 24 años ilusiona a futuro. Esta semana Sabella decidirá, ojalá este al 100 por ciento como dijo en las últimas horas y tenga fuerzas para continuar. Hay que empezar a trabajar desde ahora para que, por lo menos, se mantenga la idea que hizo subcampeonar a Messi y los suyos. Lionel, me duele por vos, pero se que vas a tener revancha. Ojalá así sea.