Cuando terminé de escribir mi nota
anterior sabía que no iba a poder escribir todos los días sobre lo que acontecía
en el Mundial. La causa era la época de parciales, ya que tener que
estudiar me iba a consumir buena parte de mi tiempo y no me iba a permitir
escribir. Además, no tenía tiempo para ver los 64 partidos de Brasil 2014. Por
consiguiente, decidí que iba a volver a publicar después del evento deportivo
más grande a nivel mundial con un resumen sobre lo que fue este mes de
sobresaltos y mucho pero mucho fútbol.
Dejamos en
claro en la publicación anterior que Brasil había comenzado ganando
"su" Mundial. Lo que nos hacía imaginar que iba camino al título pese
a que no arrancó jugando muy bien, pero al transcurrir la competencia iba a
levantar su nivel. Eso no pasó. Lejos de
ser su Mundial, vivió la pesadilla más grande que ningún brasileño pudo haberse
imaginado jamás. Peor que el Maracanzo del 50. ¿Peor que el Marcanazo de 1950,
cuando perdió la final del Mundo ante Uruguay teniendo el apoyo de 200 mil
almas? Así es. Brasil avanzó en la fase de grupos sufriendo. Empató su segundo
partido 0 a
0 frente a México con una gran actuación del arquero azteca y los chiflidos
comenzaron a bajar. Llegó la calma frente a Camerún, donde debía ganar si o si
para que no peligre la clasificación y así avanzar primero. Fue 4-1 y Brasil de
vuelta fue feliz, pero no por mucho tiempo.
En octavos se enfrentó a Chile, un Chile
imparable que clasificó segundo en el Grupo B junto a Holanda y que venció a
España 2 a
0, dejando al último campeón afuera del Mundial en primera ronda. El conjunto
de Scolari sabía que ya no iban a ser fáciles los rivales. Chile hizo llorar a
Brasil. Lo hizo llorar porque le jugó de igual a igual y estuvo a un tiro en el
palo de dejarlo afuera de la Copa
del Mundo. Se forzaron los penales y allí vino el llanto. Ganó Brasil. Julio
César fue el protagonista.
En cuartos del final llegó otro gran
equipo, uno que no había perdido ningún partido y había clasificado primero en
su grupo. La Selección
de Colombia. El conjunto del argentino Pekerman que realizó su mejor
participación en Mundiales, finalizando quinto por puntos y diferencias de gol.
Esta vez, a Brasil le salieron las cosas y pese a que el arbitraje estuvo flojo
y perdonó a los brasileros, la “justicia poética” llegó. Neymar, la joya, se
lesionó luego de un rodillazo de Zuñiga (sin ninguna intención) y lo dejó fuera
de la competencia por una fractura en una vértebra lumbar. Afuera Neymar.
¿Afuera esperanza?
Brasil venció a Colombia 2 a 1 y ahora le tocaba
enfrentar a Alemania. La
Alemania de Joachin Low, el mejor equipo por escándalo del
campeonato que sin embargo, había sufrido con Argelia (sorpresa mundialista)
quien lo forzó a jugar 120 minutos más. El partido de semifinales fue en la ciudad
de Belo Horizonte, en el estadio Mineirao. En la previa todos imaginaban un
encuentro muy especial. Los dos países son los más campeones del mundo, junto
con Italia que quedó afuera en primera ronda junto con Inglaterra porque Costa
Rica fue el gran vencedor del grupo D de la muerte y como segundo clasificó
Uruguay.
Cinco de la tarde, la hora en que comenzó
el encuentro. La hora señalada para algo histórico. Neymar estaba ausente,
Thiago Silva (defensor brasileño) también por acumulación de amarillas, el
reemplazo del central era Dante. El partido duró 45 minutos. ¿45? ¿Cómo? Si,
Brasil se comió la peor goleada que pudo haber sufrido en la historia de los
Mundiales. Perdió 7 a
1 ante la máquinaria alemana. Se fue al vestuario perdiendo 5 a 0 y en el complemento
sufrió dos goles más y descontó. ¿Baja moral por haber perdido a Neymar y a
Thiago Silva para este encuentro? Puede ser, lo cierto es que la defensa fue
vapuleada y los delanteros (Hulk, Oscar y compañía) no estuvieron finos. Se
enfrentaron por primera vez en la competencia a un equipo que sabía lo que
quería y aconteció el MINEIRAZO.
Brasil se topó con la realidad, ya que
nunca había logrado ser el equipo que el mundo esperó. Los jugadores se fueron
chiflados del estadio, incluso el público, sus compatriotas se pusieron en su
contra y les gritaban “ole, ole” cuando los alemanes se pasaban la pelota y
dejaban en ridiculo a los verde amarillo. Luiz Felipe Scolari se hizo
absolutamente responsable de la derrota y les quitó la carga a los jugadores que
se acordarán hasta el fin de sus días de aquel episodio.
¿El tercer puesto para llegar al podio? Ni
eso. Brasil cayó 3 a
0 frente a Holanda, que venía de perder frente a Argentina 4 a 2 por penales.
De la alegría a la tristeza en un abrir y
cerrar de ojos. El pueblo brasileño estaba de luto, y para empeorar las cosas, la Selección de Lionel
Messi jugaba la final del mundo.
Argentina empezó de menor a mayor. La
primera fase costó más de lo esperado ya que los equipos se defendieron más de
lo que atacaron y para los de Sabella se complicó. Pero estaba la carta mágica.
El que todo lo puede. El hombre que se crió futbolísticamente en España pero
que siempre tuvo la mente puesta en Argentina: Lionel Messi. El mejor jugador
del mundo marcó 4 tantos en la primera fase y le dio la clasificación al equipo
albiceleste. En octavos llegó Suiza. Otra vez la magia. Otra vez Lionel. En
tiempo suplementario comenzó su corrida y habilitó a Angelito Di Maria que marcó
el tanto ganador para llevar a Argentina a cuartos de final.
Ahora si. Este era el partido. En los últimos
3 mundiales no se había podido superar esta fase. El rival era Bélgica, una de
las sorpresas de la competencia. Aquí apareció Gonzalo Higuaín, quien todavía
no había anotado en el Mundial y sorprendió con un golazo luego de un rebote
que dio la defensa belga tras un pase fallido de Di Maria a Zabaleta. 1-0.
Nuevamente, luego de 24 años Argentina estaba nuevamente en una semifinal.
Llegó Holanda. El primer rival serio. Según
Sabella el Rubicón había sido cruzado ¿y por qué no soñar? La defensa Argentina
cumplió un rol fenomenal. Garay y Demichelis lograron neutralizar a Van Persia y
Robben fue bien cubierto por Marcos Rojo. Un gran partido. No se los dejó
pensar a los holandeses y se llegó al tiempo suplementario. Allí no se sacaron
ventajas. Fue un partido de Ajedrez, en el cual si moves una pieza en falso
JAQUE MATE. Robben es y será uno de los mejores jugadores del mundo y una
chance tuvo. A falta de 3 minutos para que finalice el tiempo extra tuvo la más
clara del partido. Pero Javier Mascherano, el que nunca da una pelota por
perdida, el que es imbatible y nunca se cansa le imposibilitó a Holanda la oportunidad
de ser finalista una vez más. Con Romero ya vencido, Mascherano llegó a una
pelota imposible y ese fue el “gol” de Argentina.
Llegaron los penales y “hoy te convertís
en héroe”, le dijo Masche a Sergio Romero y así fue. Argentina venció a Holanda
con dos paradas monumentales de Chiquito y luego de 24 años la Selección disputaba una
final del Mundo. De vuelta Alemania.
Fue una final en la cual el primer tiempo
lo dominó Alemania en cuanto a posesión y hubo una chance para cada uno. Higuaín
recibió un regalo de un mal rechazo y quedando mano a mano con Neuer pero se
desesperó y pateó muy mal. Pudo haber tenido revancha porque marcó un gol pero
en posición adelantada. Finalizando la primera etapa Alemania en un corner ganó
de cabeza y la pelota dio en el palo.
En la segunda parte Argentina tuvo más
control de la pelota pero no supo lastimar. Así se llegó al alargue y Alemania
golpeó desde el banco con Mario Gotze. Alemania campeón del mundo. Un solo
error tuvo la defensa argentina y lo pagó caro. Fue la única distracción que
tuvo Garay quien perdió al autor del tanto y este último no perdonó, mas allá
que dominó la pelota con una calidad única y excepcional. Rodrigo Palacio tuvo
un mano a mano en el primer tiempo del suplementario y al picar la pelota, esta
ultima salió por al lado del palo alemán. Las chances estuvieron e incluso más
de lo esperado. Argentina perdió por falta de definición y por un error. Hay
que agregar que no se contó con Di Maria ya que salió lesionado con Bélgica y
no pudo recuperarse. Un Sergio Agüero que ingresó por Lavezzi en la segunda
parte del partido y no rindió, nunca estuvo a la altura de este Mundial en lo físico,
lamentablemente.
No hay que sacarle mérito a Alemania que
desde que dio una penosa imagen en la Eurocopa 2000 decidió cambiar su manera de juego
y abrió academias por todo el país para tener una cantera muy rica. Además mandó
a entrenadores por todo el mundo a adquirir experiencia y métodos de
entrenamiento. La lógica se dio. El trabajo rindió sus frutos y Alemania logró
su cuarta estrella.
Argentina fue por la hazaña y no la consiguió.
En ningún momento fue inferior a nadie pero los roles se invirtieron en cuanto
a lo que se vaticinaba en la previa: hay 4 monstruos en ataque (Agüero, Messi,
Di Maria e Higuaín) que te ganan un partido, pero la defensa es impresentable
(Rojo, Garay, Fernández, Zabaleta). Pasó todo lo contrario. ¿Habrán influido
las lesiones previas al Mundial del Kun? ¿Si Di Maria no se lesionaba se podría
haber ganado la final con comodidad? Lo cierto es que falló la definición y en
la final con dos regalos como lo fueron las jugadas de Higuaín y Palacio no los
podes desaprovechar.
Sabella dejó valores muy claros en el
equipo y personalmente quiero que continúe porque para Rusia 2018 hay potencial
y la posibilidad de soñar en grande. Argentina será recordada gracias a la garra y al compañerismo que impulsó Pachorra. Por eso el segundo puesto vale, y después de 24 años ilusiona a futuro. Esta semana Sabella decidirá, ojalá este al 100 por ciento como dijo en las últimas horas y tenga fuerzas para continuar. Hay que empezar a trabajar desde ahora para que, por lo menos, se mantenga la idea que hizo subcampeonar a Messi y los suyos. Lionel, me duele por vos, pero se que vas a tener revancha. Ojalá así sea.