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viernes, 7 de junio de 2013

Día del periodista

Dejo un texto de Lanata que no tiene desperdicio.

  

Hay cuentos sacados de la vida real, de los recortes de diario, me dijo alguien hace mucho.

Es incurable, una permanente e incomoda sensación de necesidad, pero llevo puesto un destino y ya nadie puede librarme de lo que soy. ¿Por qué sos periodista? Porque no sé y como no sé, pregunto. Pero no soy periodista solo por curiosidad, porque ser periodista se siente acá. Es incomodo y sublime y es una especie de enfermedad inevitable. No se hacer otra cosa, salvo escribir a máquina.

Soy periodista porque estamos todos locos y somos soberbios y pensamos que el mundo va a detenerse para leer nuestra nota y al día siguiente, gracias a Dios, en un ejemplo de intuición colectiva, los marcados envuelven los huevos y las verduras con el diario.

Soy periodista porque somos capaces de dar nuestra vida por esto y cuando digo nuestra vida, quiero decir eso. Nuestra vida. En el país de los 90 y pico de periodistas desaparecidos, nuestra vida en donde el divorcio es la enfermedad periodística más extendida.

Soy periodista porque Jacobo Timerman siempre estaba solo en un enorme living de su casa en Punta del Este.

Soy periodista por la causa intrincada de Roberto Arlt, la magistral capacidad de creación de climas de Rodolfo Walsh y la facilidad de pistas de patinaje con que García Marquéz se deslizaba entre las palabras del diario “El espectador”

Soy periodista porque peleo, peleo contra empresas que no creen en lo que creo, que me miran como si fuera un chico de ocho años, peleo contra editoriales que no te pagan y te editan como si te hicieran un favor. Peleo contra un sistema que a diario te dice, este lugar no es tuyo. En realidad, es tuyo por hoy, pero vas a tener que volver a ganartelo mañana.

Soy periodista por la gente que me conoce y que jamás voy a conocer.

También soy periodista porque soy un monstruo y porque escribo: “hoy no hubo noticias, lo llamo mañana” cuando miles mueren y otros nacen y en lo que en realidad no hay, es un nuevo acto del pésimo teleteatro de la dirigencia.

Soy periodista porque soy tan soberbio como para decir, esto no le importa a nadie y no lo sé, porque en realidad no me importa a mí. Y con eso, termino favoreciendo finalmente la confusión que hace que piensen que las noticias que se consumen son importantes, que se deben consumir noticias todos los días.

Soy periodista por la enorme capacidad de seducción de los relatos de Eduardo Galeano y por la dulce torpeza de Juan Gelman y por el asombro de las crónicas del gordo Soriano y por recuerdo de la muerte, el libro de Bonasso.

Soy periodista porque Borges recibía a cualquier periodista sin importarle de que medio venía y hoy podría estar entrevistándolo.

Soy periodista porque me enojo y porque si mañana estuvieras en Jordania o en Timbuktu y pasa un periodista, nos podríamos reconocer.

Hay en nosotros alguna cosa desprolija, algo que no cierra, un error de fabricación. Hay algo de toque de mesa de saldos en los tipos que andamos por ahí buscando sabe Dios que cosa. Si claro, una noticia, un nuevo watergate, una efímera posteridad o un nuevo error. Niños molestos preguntones, perseguidores de la verdad, ingenuos, miserables. No hay mayor proporción de envidia por metro cuadrado que en una redacción.



Somos especialistas en todo. Alguien decía que el periodista es el tipo que completa su educación en público. Irrespetuosos, frívolos y cándidos, relatores de anécdotas tan falsas que merecen ser ciertas, habitantes de la actualidad, pasajeros de hotel y testigos.
Jorge  Lanata


                                                                                 



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